Nuestro segundo año nos llevó por primera vez al recinto ferial. La disposición de los escenarios era distinta a cómo la conocemos ahora, pero ya eran 2. Ese año fue curioso en fechas y duración, como experimento se comenzó el jueves por la tarde y se terminó el domingo; y las fechas eran ya agosto, del 6 al 9 de agosto del año 1998. Este modelo no ha vuelto a repetirse, aunque los jueves previos al Etnosur en Alcalá ya son una fiesta.
Ya el foro, las exposiciones, los talleres, los artesanos, ONGs y los grupos de calle habían sido programadas el año anterior. Ese año introdujimos por primera vez los cuentacuentos. La magia de las palabras comenzó a atraparnos y ya no dejó. También conquistamos un poquito más el corazón de los niños con grupos de teatro como Teatro Espiral o Carambola. Antolío ya empezó a hacer de las suyas…
Contamos con Ian Gibson para una conferencia sobre “La intolerancia en García Lorca”. Y qué puedo decir de la música. Pocos podíamos creer el despliegue que iba a tener lugar en Alcalá. Ver a Enrique Morente el jueves por la noche. Amparanoia fue profeta en su tierra, a punto de dar a luz. Lucrecia desprendió una energía en su concierto, mano en alto, invocando a orishas y dioses… tembló el cielo sobre nuestras cabezas. De Sudamérica también habían venido Habana Abierta y Toto la Momposina , que gusto poder ver a tremenda señora sobre la tarima. Creo que puedo decir sin miedo a equivocarme que el gran impacto emocional lo dio DJ Ritu & the Asian Ecuation. Nadie que viera aquel espectáculo lo ha olvidado. Era la primera vez que un escenario etnosureño oía la fuerza de un dhol, y eso no se olvida fácilmente. Sus bailarines, masculinos, confusos y femeninos… un señor espectáculo.
Los artesanos y comidas compartían espacio, lo que ahora conocemos como Pipiripao. Ese año me encargaba del pequeño escenario en esa zona para el teatro y los cuentos… Muchas cosas han cambiado pero todo ha seguido fluyendo.