En la séptima edición del Festival, ni los dioses pudieron resistirse a los encantos del Festival. Se hicieron de rogar, pero en la noche del domingo, después de tres días en los que predominaron los colores, sabores, sonidos y olores de otros mundos, aparecieron. Los encargados de conectar con el más allá fueron los colombianos Palo q'Sea que, en su pasacalles, algo descomunal, lleno de luz y color, invocaron al Dios de la Lluvia , Bruja Claudia, con su fuerza y pasión, hizo su conjuro y en ese preciso instante un rayo iluminó el cielo negro y su estruendo dejó boquiabierto a todo aquel que presenció este instante que rozó la dimensión de lo sobrenatural. Pero esto no fue todo, terminó el pasacalles y con él el agua, que sirvió también para refrescarnos en el empujón final de la noche del domingo, tras la ola de calor del viernes y el sábado.
Algo tan increíble, mágico y al mismo tiempo tan emocionante, pero con los pies en la tierra lo vivimos con la actuación del gran Joe Zawinul y su Zawinul Syndicate. Tras el pasacalles y la lluvia, a sus 71 años, y después de atravesar media Europa en autobús para llegar a Alcalá la Real. El momento más emocionante fue el que tuvo como banda sonora el tema “You want some tea, granpa?” que Arto Tuncboyaciyan y elmismo Zawinul interpretaron juntos. Pero antes, el armenio ofreció un concierto íntimo con toques jazzísticos y acompañado de su banda, The Armenian Navy Band. El momento de Joe y Arto sobre un mismo escenario provocó un momento único, irrepetible y que humedeció las pupilas a más de uno. Este fue el primer año que entregábamos el Premio Etnosur, al gran Joe Zawinul, la escultura era obra de Xavier de Torres.
También en lo musical, el viernes estuvo dedicado a grupos latinoamericanos en España y sobre los escenarios estuvieron las argentinas Tamboro Mutanta, Palo q'sea, la orquesta cubana Salsa de Reyes y la gran sorpresa: los Zum-Zuêh. La banda de Fernando Marconi rompió, con más de 20 jóvenes dispuestos a dar guerra, mucha guerra con sus tambores. Ni las piedras del recinto pudieron resistirse a las bazucadas.
El sábado tocamos las estrellas de la mano de Mercan Dede y su delbiche, que giraba y giraba y giraba. No sólo la bailarina entró en trance, todos lo hicimos ayudados con una puesta en escena realmente sorprendente. De nuevo estuvimos tocados por lo sobrenatural. A Mercan Dede le precedió Elbicho. Cuando el grupo aún no era conocido, la locura por bulerías, seguidillas y tanguillos. Tras Mercan Dede llegaron los Sheva, grupo nacido en las colinas de Galilea, integrado por músicos israelís y musulmanes. Llegaron antes que nadie, el jueves, y ofrecieron un concierto acústico en el Templete del Paseo de los álamos. Fue el aperitivo del Festival. Los Sheva supieron conducir su actuación hasta hacer bailar y cantar en hebreo al público. Sus canciones sólo tienen un mensaje: la paz, el respeto y el amor entre los hombre. El ritmo y la fuerza de sus temas fueron creciendo hasta llegar a su “Shalom”, con el que el público cayó rendido a sus pies. Finalmente el sábado se cerró con Dusminguet. Jugaban en casa y lo tenían todo ganado. Con sus rumbas hicieron bailar hasta a los Sheva y Mercan Dede. Esta es otra estampa a resaltar. La admiración que los diferentes músicos mostraron entre sí, y sin ningún pudor.
Pero la música no fue la única protagonista. Los debates en el foro; los puestos de artesanos en el Zoco; la comida del Pipiripao; los talleres de danza, software libre, meditación y respiración, música, circo y artesanía; los cuentacuentos; exposiciones; el experimento de la radio; los números del nuevo circo; los documentales de Latinoamérica; el cine; el teatro; las tardes en el paseo con la música de DJ Kaderas y las actuaciones espontáneas; o los conciertos de folk en la Fortaleza de la Mota , ocuparon la programación de los tres días con un éxito rotundo de participación. La programación comenzaba a las 11 de la mañana y se diversificaba a lo largo el día hasta la noche, cuando los músicos tomaban los escenarios.
Fue el primer año que el Atrapasuetños comenzó a funcionar, nuevas ideas que hacen que todo mejore poco a poco.
Este año seguía encargada de los escenarios, nunca olvidaré el abrazo que me dio Arkin Allen y la belleza de Mira, la cercanía de los Sheva, la fuerza de la vocalista de Zawinul, de los mejores conciertos de nuestras vidas.