La undécima edición del Festival. Teníamos la resaca del décimo aniversario. Ya no volverían grupos, había que recuperar la programación de siempre: cosas nuevas e interesantes manteniendo la línea de antaño.
Las novedades del año fue la creación del Premio Rosa Mª Calaf de investigación social, patrocinado por la Fundación Cruzcampo, dotado de 9000 euros. El trabajo ganador, seleccionado por un jurado en colaboración con la Universidad de Jaén, cobró forma de libro, editado por Alcalá Editorial. Recayó en la madrileña Magdalena Vallejo Álvarez sobresu trabajo “Identidad Afroamericana y victimización femenina. El espejo de una realidad en un mundo de ficción”. El Teatro volvió a tener su sitio en el Etnosur: La Compañía The Djelloules, de la Universidad de Orán, interpretó una obra de Abd el Kader Alloula. La otra novedad fue la creación de un Premio Extraordinario a todos aquellos que dedican su tiempo y energía a los demás, se entregó a una representante de la Coordinadora de ONGs de Cooperación Internacional.
El Premio Etnosur se entregó a “Los Curas de Entrevías” de Madrid, nos contaron sus experiencias en una jornada del foro, que se completó con una jornada de Microcréditos y de los derechos humanos en Tibet.
La música volvió a un concepto más tradicional, música acústica en la mayoría de los casos, queríamos recuperar el espíritu del Etnosur tras un décimo aniversario más electrónico. La fuerza flamenca de Calima y Son de la Frontera. Los tambores hipnóticos de Gocoo+GoRo, la entrañable locura de The Shin y un indomable Tiken Jah Fakoly y sus ritmos reggae. La tradición revisada de la Warsaw Village Band, y la genial locura de KTU. El domingo se cerró con el concierto “En Clave de Mares”: músicos mediterráneos compartiendo escenario, Maria del Mar Bonet, Hossam Ramzy y Eyal Sela. Los DJs en el Paseo de los Álamos y la Etnoteca: DJ Pierrot, DJ Lord Sassafras, Sr Lobezno y DJ Gufi.
Los talleres íntimos nos sedujeron, como La Erótica tiene sentido…s o Cómo Activar el poder autocurativo del cuerpo. La danza estuvo representada por el Giro Derviche . Los talleres relacionados con la música siguieron adoctrinando etnosureños, en esta edición se adentraron en la Ritmología árabe, las Palmas flamencas y en la Darbuka. La parte interior la mimaron los talleres de Tai Chi Chuan, Visión Zen ola construcción (y destrucción) de un Mandala de las manos de los monjes del Monasterio Tashi Lhumpo, quienes además actuaron en la Plaza del Ayuntamiento. Se inició un Taller de escritura, orientado este primer año a la Poesía.
Al circo se le fijó un aforo, una forma de asegurar que todos los presentes pudieran disfrutar con todo confort de, entre otros, los espectáculos de Los Galindos y Zahir Circo.
Y cómo no, las sesiones en el Teatro Martínez Montañés del cine y el video documental; los cuentacuentos; las exposiciones, las carpas de ONGs, de Comercio Justo, de la Casa de África, del Pueblo Saharaui y la de Energy Control. Y la noche se nos pasaba más rápida entre el Zoco de Artesanos, el Pipiripao y el Chill Out.
En el Paseo de los Álamos se visitó de vida con los conciertos en el Templete de Omar Percussion Group, Llangres y Lokolé… y las actuaciones espontáneas y el pasacalles de Hojalata Samba
Como cada año los pequeños tuvieron su programación especial: los talleres de Manualidades del Mundo o Máscaras Tribales; además una sesión especial de Vídeo Infantil. Y la guardería Atrapasuetños siguió dando un respiro a los padres mientras duraban los conciertos.
Así fue y se vivió el 2mil7, para terminar esperando cada día que pasaba el nuevo Etnosur 2mil8.