Un circo de emociones en Etnosur

En la XXI edición de Etnosur el circo sigue siendo una de las actividades que más concentra las atenciones y las emociones del público. Alcalaínos y foráneos, hombres y mujeres, mayores y pequeños, todos ríen, se asombran y se divierten por igual con los espectáculos circenses del festival. Este año han sido las compañías Vaivén Circo-Danza y Fekat Circus las encargadas de acelerar el ritmo cardíaco de los asistentes a golpe de acrobacia y de buen humor.

En la tarde del viernes, el grupo Vaivén ofreció el espectáculo ‘Do not disturb’, en el que cuatro entrañables personajes deben construir juntos una extraña máquina con forma de rueda gigante. “No aplaudáis por aplaudir, que vais a flipar”, bromeaba uno de los comediantes en medio de la representación, y no se equivocaba. A caballo entre la danza y la acrobacia, estos alegres mecánicos no pararon de “volar” por los aires y de desafiar los límites del equilibrio. Todo ello en clave de humor, trabajando sin desanimarse para construir la rueda, divirtiéndose y riéndose de sí mismos. Y es que el circo siempre deja al público alegre, contento y con ganas de reírse de sí mismo. Esta compañía nació en el 2008, de la inquietud de dos artistas (Raquel Pretel Ferrándiz y Miguel Moreno) por fusionar circo y danza, y desde entonces no ha parado de crecer y evolucionar.

El sábado el turno fue para la compañía etíope Fekat Circus, quienes ofrecieron un derroche de fuerza y poderío físico sobre el escenario. Un frenesí acrobático que aceleró el pulso sanguíneo y dejó sin respiro a más de uno. Acrobacias con aros, malabares, saltos de altura y un sinfín de juegos sin perder la sonrisa fueron sólo una parte de su propuesta escénica. El grupo estuvo compuesto por dos mujeres y seis hombres que conquistaron el respeto y el corazón del público asistente. Fekat Circus es además un ejemplo de solidaridad en Etiopía, y es que nació hace doce años en las calles de Addis Abeba, cuando un grupo de jóvenes empezaron a juntarse para practicar acrobacias y otras artes circenses. Desde entonces este grupo ha ayudado a muchos otros jóvenes que están en la calle a conocer el poder curativo del circo, a aprender a relacionarse pacíficamente con lo demás y a mejorar la vida social de su ciudad y del mundo.

Así, una año más, el circo continúa agitando las emociones del público etnosureño, proponiendo la risa y el buen humor como remedios terapéuticos para reparar el malestar, y cortando la respiración con acrobacias y desafíos al sentido del equilibrio. Larga vida al circo.

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