Encuentros en la tercera fase

Venía precedido de cierto sabor amargo: Juan Peña “el Lebrijano” (tío carnal de Dorantes) había fallecido unos días atrás y en el momento de empezar el concierto se estaba fraguando un golpe de estado en Turquía.

Pues con esos mimbres estos cinco bicharracos empezaron a dar rienda suelta a sus músicas: temas de ellos arreglados para la ocasión más alguna sorpresa, para dejar al personal boquiabierto de principio a fin.

Todos los músicos habían pasado por el Festival, a través de estos 20 años, en diversas modalidades: con sus propios grupos, en colaboraciones o con producciones específicas para Etnosur, o sea, que todos sabían de lo que iba el paño. Pero aquí, todas las previsiones se quedan cortas.

Juntar encima de un escenario a David Peña “Dorantes”, Jorge Pardo, Raúl Rodriguez, junto a Francis Posé y Javi Ruibal es un lujo al alcance de pocos y que difícilmente volveremos a ver. El poso de conocimientos musicales que atesoran estos tipos en sus trayectorias particulares es una bomba de relojería que en el concierto del 20 aniversario explotó, como todos esperábamos.

Sin tenerlo previsto, el concierto fue un homenaje al Lebrijano, que en su día estuvo acompañando a su sobrino Dorantes en el espectáculo ConVivencias. David le dedicó el tema “Sin muros” entre la admiración del público, entregado desde principio a fin del espectáculo.

Existía una complicidad entre los músicos fuera de lo normal y que lograron transmitir a la gente de forma natural, sin aspavientos, como solo ellos saben hacer. Temas de todos ellos arreglados para la ocasión y con el espacio suficiente para que se explayasen en conjunto y con solos estratosféricos de todos.

No me quiero poner pesado, pero repito, un concierto que pasará a la historia de Etnosur y de la música contemporánea en general.  No exagero ni pizca, pues cuando la entrega se une al conocimiento nos encontramos con lo que oímos y vimos anoche: un espectáculo total que nos puede orientar de los nuevos caminos del flamenco en estos tiempos.

Tras hora y media de concierto, se produjo otro momento entrañable: Raúl Rodriguez le entregó un premio sorpresa del equipo Etnosureño a Pedro Melguizo, director del festival desde sus orígenes, hace 20 años: una escultura en piedra de Xavier de Torres.

Para rematar la faena, un bis titulado “Let the rhythm lead” compuesto por Raúl Rodriguez e inspirado en las músicas de Lakov Mizik, grupo haitiano que Raúl había visto en directo en su tierra, en la gira que ha hecho, y sigue haciendo con Jackson Browne.

En fin, una actuación memorable, como no podía ser menos, para el XX aniversario de este Festival, que desde el principio marcó tendencia por su originalidad y diversidad, por no hablar de su carácter gratuito. Etnosur no solo es música, es otra cosa mucho más global y comprometida que hace que se acerquen a esta tierra de frontera miles de personas de toda clase y condición para disfrutar de un sueño durante tres días y que el pueblo de Alcalá la Real acoge de una manera admirable: Larga vida a Etnosur.


Crónica: Paco Salas

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