Celso Fernández Sanmartín

Llevo recogiendo cuentos e historias inconscientemente toda la vida, como cualquiera. Pero desde hace ya años, las vengo recogiendo y reacomodándomelas, con la intención de contarlas a distintos públicos.

Empecé por casualidad y oportunidad. Continúo porque es una labor de amor, sentido y pasión: por la lengua, por la oralidad, por la comunicación, por pensar que no se pierda un verdadero tesoro de historias y cuentos, e irlo por ahí mostrando y ofreciendo con la boca abierta y con la boca llena, hablando además bienísimo de él, que es como hablar de una de nuestras posibilidades de relación y cultura más ricas y admirables.

Mi devoción son las personas mayores, culturalmente forjadas en la oralidad. Entre ellas hay muchas que son contadoras intuitivas e inteligentes y atentísimas a todo. Devoción por el vivo interés que ponen en las historias, en los cuentos y en las memorias que cuentan. Devoción porque saben “elaborar un momento”: A partir de un bocado de tiempo que se preste (hoy por hoy, los bocados de tiempo, los momentos que se prestaban a contar, perdieron bastantes de sus “espacios naturales”: en el día a día, en fechas señaladas, en épocas del año, en sitios y lugares… Tenemos otros enredos en su lugar, otra medida del tiempo. Nos fuimos dejando de esa “costumbre natural”. De ese hablar presencial, contando bien contado y por contar).

Aún se encuentran, en cualquier lugar a donde uno vaya, personas mayores que tienen la virtud de atraer la atención y mantenerla con unas  historias pertinentes, que por acierto y valor específico, prenderán entre nuestros recuerdos perennes, frescos coma del primer momento.

Mi fardo o repertorio está compuesto básicamente por cuentos, historias y memorias ligadas a la tradición oral gallega, peninsular y también europea (en la que tenemos arte y parte), asentadas en la cultura agropecuaria y pedestre. Y con un toque contemporáneo, para palparles que también son actuales, que aquí siguen con nosotros y no como piezas de museo. También reinvento historias y cuentos, como cualquiera…

A las niñas y niños, y a la gente mayor, intento contarles además, que lo que se cuenta no es una cifra exacta-exacta, y que a la lengua no la podemos dejar que se vuelva de trapo, ni de piedra al corazón.

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