Remember to Pepillo el Aguardentero

Antes de que existiera Etnosur yo ya conocía Alcalá la Real, venía con mi padre a currar en los veranos aquí y siempre me llevaba a visitar la taberna por antonomasia, la de pepillo el Aguardentero.

Tres generaciones en la esquina de la plaza del Ayuntamiento, dando gloria mareá y buen rollo. En los trajines de este festival se necesita (yo por lo menos) un espacio que separe nuestra actividad frenética y nos imbuya en el corazón de la vida cotidiana del pueblo. Y este era mi sitio.

Hace unas semanas cerró por jubilación, creo, y nos quitó ese espacio tan genuino donde nos enajenábamos del frenesí etnosureño. Por allí he placeado durante años a amigos que merecían conocer ese trozo de historia, de aliento y normalidad alcalaína, para su deleite y regusto, y nos daban las dos y las tres y las que hicieran falta, hasta que Pepillo consideraba que había que chapar y cada mochuelo a su olivo.

Botellines fresquitos, vermuts punteros y de remate unas cerezas en aguardiente en sus diversas modalidades. Salíamos puos de la taberna y dispuestos a comernos el mundo. Ahora, ya, Pepillo nos ha puesto indirectamente a dieta, con lo que eso nos jode a los amantes del buen rollo y del buen vivir. Gracias por esos días de vino y rosas que nos has ofrecido durante tanto tiempo.

Paco Salas

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