Tangos porteños y boleros canallas

La Plaza del Ayuntamiento se convirtió el sábado por la tarde en un gran quilombo orquestado por los Arrabaleros. Si cayéramos en el tópico de “un grupo con todos procedentes de la provincia de Jaén”, estaríamos diciendo una gilipollez, con perdón.

La música no tiene fronteras, sencillamente, es mala o buena, te llega o no te llega, te deja rescoldo o no. Y estos tipos aguerridos se partieron el pecho, dejaron lo mejor que tienen y la gente se lo devolvió en forma de diversión, complicidad y muchos aplausos.

Osvaldo, el alter ego del cantante Emilio Ramos, es sencillamente arrebatador, con una puesta en escena muy seria a la par que vacilona, unas maneras de tipo curtido en las tablas de mil sitios y una delicadeza y una finura de las que ya no se ven.

Pero esto es un grupo, y como tal funcionan. Así, ayer por la tarde, hicieron un despliegue de poderío muy ensamblado, cada uno en su papel y todos para uno, el público los disfrutó como hacía tiempo que no veían mis ojos en la plaza del Ayuntamiento. Cinco músicos, una bailarina y una sección de viento liderada por otro grande, Sergio Albacete, que nos hicieron pasar casi dos horas de gusto repartido por todo el cuerpo.

Si a esto le añadimos las dos apariciones estelares de Sole Candela y Maribel, interpretando dos temazos y los pasos de baile a cargo de Olga, pues que quieren que les diga.

Los Arrabaleros han demostrado en Etnosur lo que se venía barruntando hace un tiempo, que son una propuesta nueva y diferente, preparada para pelear con cualquiera y en cualquier escenario. Son una deliciosa realidad contrastada y con ganas de comerse el mundo mundial. Aserejé

Fdo. Paco Salas

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