Un enorme círculo naranja, un corazón gigante con forma de calabaza, empezó a dar vida al escenario de Etnosur de la mano de Doudou Nganga, el congoleño que con un puño marcaba el ritmo del inicio del festival de música. El ritmo que comenzó con su proyecto musical, el Nganga Proyect, se prolongó anoche durante seis horas. Fueron seis horas de reivindicación, de solidaridad, de baile, de vida encarnada en decenas de hombres y mujeres que enseñaron Africa a los miles de etnosureños enganchados a los tambores, las guitarras, los saxofones.
Hugh Masakela, el trompetista de jazz sudafricano llenó la hora reina de la noche con un espectáculo musical impecable. El Celebrate Mama Africa ilusionó y entusiasmó. Convenció y reivindicó. Con un espectáculo hecho para rememorar a su primera mujer, Miriam Makeba, esta producción llegó al momento culminante de la noche cuando empezó con la canción más popular de todas, el Pata Pata. Miles de personas rompieron a bailar, a moverse al ritmo de Sudáfrica, al ritmo de un continente. Las voces de las mujeres del grupo, Lira y Thandiswa trasladaron los sones al jazz y la mente al apartheid. Hablaron de niños, de ilusiones rotas, de choques entre formas de entender el mundo. Y dieron paso a la esperanza, a la ilusión, al deseo de conseguir un mundo en el que el pasado no vuelva a romper la vida de los que hoy llenan Africa.
Femi Kuti, el nigeriano que mezcla jazz, ritmos tradiconales y funk llevó hasta el escenario la sensualidad y el movimiento. Su música y las caderas de las bailarinas rompieron la última hora de la noche. El sonido de los instrumentos de viento, el ritmo de las poderosas piernas sobre el escenario, la voz del hombre que promueve la paz, pusieron el broche a los miles de segundos en los que el corazón se movió anoche al ritmo de Africa.
Hugh Masekela, premio Etnosur 2010; Kuti, Nganga… nombres que llenaron de música la primera noche de Etnosur. Hombres, junto a mujeres que reivindican su espacio en Africa, hablaron de solidaridad, de integración, de unión y de fuerza. Si la música es capaz de unir los cuerpos de miles de personas, ahora, la reflexión de la mente podría hacer de Africa un continente que deje de llenar carteles con niños hambrientos.





